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Introito a la denuncia presentada al Fiscal Eroquigaray en la Fiscalía de Campana

Art. 41 de la Constitución:

Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer a las generaciones futuras; “y tienen el deber de preservarlo”.

El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley.

Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales..

Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquellas alteren las jurisdicciones locales.

En conversación telefónica, el Dr. Aroquigaray me preguntaba qué daño al ambiente intentaba denunciar.

Mi respuesta inmediata fue preguntarle si colocar los detritus humanos 3,30 metros más altos que los hogares humanos no revelaba un desequilibrio, una proyección de ambiente insano, una utilización irracional del suelo como único e insustituible recurso natural para asentar congregaciones humanas, incluyendo sus detritus, comprometiendo todo futuro.

Las normas provinciales para poner orden en estos requisitos elementales del sano ambiente, ya están dictadas, pero al parecer carecen de reconocimiento profesional.

Son ellas mismas, parte de nuestro más precioso patrimonio natural y cultural. Hacen como nadie, indicio de prevención, protección y formación ambiental.

Sin embargo, los impulsos vitales de los comerciantes de suelos se han ocupado se sembrar ilusiones que trascienden con su rico imaginario todos estos prudentes y elementales marcos de contención.

Que cuando hablamos de ambiente hablemos del hombre en su hábitat es inevitable. No es de parques en la luna a que refiere la Constitución.

Si los parques naturales son importantes a 1700 km de distancia, cuánto más lo son al lado de nuestra casa.

Y si los parques naturales lejos y cerca de casa son importantes, cuánto más lo son cuando el hombre se instala en ellos. Porque el daño que provoca el hombre asentándose indebida e innecesariamente en ellos, acredita los mayores perjuicios no sólo a los paisajes, sino a ellos mismos; que asentadas sus casas en fondos de cañada imposibles a asentamiento humano alguno otro que no sea lacustre, verán sus casas anegadas; a las comunidades del entorno que habrán perdido sus únicas reservas de espacios verdes; y a los Estados provincial y nacional, que uno tras otro, cargando con bien evitables irresponsabilidades hidráulicas,tratarán de alcanzar remedio interminable a sus calamidades.

El ejemplo que trasmití al Dr. Aroquigaray marca por altísimo contraste la calidad de estas vivencias que al parecer demoran décadas en trascender como humanas y vulgares experiencias.

Es el caso de Sudamericana de Aguas, empresa que para el tratamiento de los efluentes cloacales ha instalado su planta de 2.500 m2 en los fondos de Maquinista Savio; y para ello ha elevado a 3,30 m la cota de arranque de esta pesadísima obra, retirándose por sana prudencia a 200 metros de la ribera del arroyo Pinazo. En tanto que estos barrios cerrados por mí largamente denunciados, se han dado a construcciones de obra permanente a tan sólo 15, 30 y 50 metros del mismo arroyo y con cota de arranque “0” para sus solados. Por supuesto invadiendo las áreas de preservación de desagües naturales que el decreto 11.368/61, reglamentario de la Ley 6253 dejaba bien establecidos con sus restricciones al dominio de estas tierras ribereñas.

Al tiempo que luego de advertidos sus riesgos comenzaban en estas mismas áreas de restricción a elevar terraplenes y generar extensísimos rellenos, vapuleando los paisajes naturales y provocando todo el tipo de conflictos entre vecinos ribereños que los más antiguos códigos del planeta tienen previstos desde hace siglos.

Por supuesto, la Provincia de Buenos Aires hubo de perfeccionar estos códigos y leyes; y a través del artículo 59 de la Ley 10128/83, modificatoria de 13 artículos de la 8912/77, dejó establecidas las obligatorias cesiones gratuitas al Fisco, adicionalmente arboladas y parquizadas, de todas las áreas ribereñas, hasta 50 metros más allá de la línea de ribera de creciente máxima, a establecer según art. 20 del nuevo código de aguas ley 12257/98, toda vez que el propietario de una parcela rural ribereña propicie la creación o ampliación de un núcleo urbano.

Aquí cabe denunciar, no a los que tratan los detritus humanos, sino a los que tratan a los humanos y sus asentamientos en ambientes los más revaluados del planeta, sin exageración alguna, en bien claras peores condiciones que a sus mismos detritus.

Aquí el daño al ambiente tiene la más inmediata y extensa connotación de daño al hombre mismo.

Francisco Javier de Amorrortu 5/9/03

 

Denuncia presentada al Juzgado Federal de Campana

Para mejor conformar la carátula de esta denuncia

Sirva la presente para acercar denuncia por las extensas violaciones de garantías constitucionales, cometidas por emprendedores, escribanos, funcionarios públicos y fiscales que en la documentación adjunta se detallan.

De los funcionarios que dictaminaren resoluciones u órdenes contrarias a las constituciones o leyes, nacionales o provinciales, o las órdenes o resoluciones de esta clase existentes, o no ejecutaren, y cuyo cumplimiento les incumbiere Art 264 CP

Agravado por el delito de ocultamiento de expediente, art173, inc 8.

Y más aun, por faltas gravísimas, reiteradas y previamente advertidas por el denunciante, mediante cartas documentos, y no obstante ello, repetidas, con necedad y cinismo.

Esta denuncia viene a considerar insano para los habitantes, que en el ambiente, éstos moren tres metros abajo de sus detritus y dos metros y medio por debajo de violatorios, irresponsables y engañosos muros de contención; pues algo desequilibrado estas situaciones indican.

Es de insalvable insanía considerar la seguridad de las viviendas del hombre, en menor grado que los depósitos de sus detritus. La seguridad no se logra construyendo las fantasiosas bañaderas que dan prueba delas gravísimas irresponsabilidades en que por sordos, miopes, torpes y ambiciosos, innecesariamente se han metido.

Es insano para la mayoría de los habitantes que unos pocos en el ambiente se apropien de las únicas reservas de espacios verdes comunitarios previstas por nuestras leyes.

Es insano para la mayoría de los habitante, que unos pocos construyan obras permanentes donde expresamente las leyes lo prohiben, transfiriendo sus cargas de irresponsabilidad a nuestro Padre Común, el Estado, por quien todos debemos velar si queremos vivir en sociedad.

Es insano para la mayoría de los habitantes que unos pocos comprometan los ambientes de las generaciones futuras.

Esos supuestos beneficios que persiguen esos pocos a costa de la mayoría y del propio Estado, constituyen una clara forma de discriminación

Los derechos que protegen al ambiente están claramente indicados ya en el mismo preámbulo de la ley de ordenamiento territorial y uso del suelo que aquí se viola sin piedad.

Los derechos de incidencia colectiva en lo ambiental no podrían verse más afectados que despojándolos de sus previsiones de espacios verdes comunitarios, cuyos atropellos aquí se consuman.

Las autoridades proveerán a la preservación del patrimonio natural, a la información y educación ambientales; y a eso mismo concurren estas solicitudes que aquí presento.

Francisco Javier de Amorrortu, 19/9/03

Adjunto CD con textos completos de los expedientes del valle de Santiago y carátula del mismo dando concisas referencias a su contenido.

Adjunto copias impresas y encuadernadas de los Apéndices , y de estos expedientes del valle de Santiago.

 

Sr Juez Federal de Campana Zárate

Dr. Federico Efraín Faggionatto Márquez

Del Viso, 19 de Septiembre del 2003

De mi mayor consideración

Por motivo que trataremos de hacer visible el ambiente no suele depararnos mayores preocupaciones. A excepción de la mirada lejana y natural que a veces damos a tanta cosa que tenemos “alrededor”.

Tan ocupados estamos atendiendo las cosas que tenemos en medio de nuestra vida, que cabe aceptar, lo de alrededor pudiera esperar. Y de hecho así sucede. Tal vez por ese motivo se intenta acercar mayor conciencia a estos temas que en algo a veces parecieran rozarnos, agregando la palabra “medio”; y así nos damos a hablar de “medio ambiente”.

La integración del hombrea su “medio ambiente” es una de sus formas de su propio rescate.

Sirva este brevísima introducción para dar lugar a aquello que nos mueve en “medio”; entre unos y otros. Al tiempo que consideramos, qué ausencias, respecto de nuestros vínculos comunitarios, pudieran estar manifestándose con gravedad.

La cortesía, la urbanidad, la justicia, la solidaridad, la honestidad, al menos entre nosotros acusa cierta pobreza. Y al parecer de encuestadores, estos menguados aprecios aparecen más pronunciados en manifestación de desvalorización, en las mayores ciudades.

Las “ambiciones”, las “vueltas” que damos los ciudadanos urbanos para conseguir “logros” por vía legítima, son tantas y a veces tan exacerbadas, que cabe naturalmente el refugio que algún díabuscamos a través de mayor entorno natural.

Así es, que muchos parten a buscar lugaren ese medio que llamamos “Naturaleza” y los antiguos, füsis: fuente de vida donde todo brota; y donde lo más profundo, lo inmanente, encriptado en terruños se goza.

Recuerdo las imágenes aéreas de la maratón de Londres descubriendo a una inmensa ciudad tapizada de rincones verdes; aquellos que la destrucción de la guerra regaló para humanizar las huellas de tan antigua como amontonada civilidad. Por cierto, hoy en verdes, bastante más enriquecida que nuestra joven reina del Plata. Ésta dice atesorar 1.460 hectáreas de espacios verdes. Si así fuera, estaríamos hablando de casi 5 m2 por habitante. En números, no parece poco. Pero al mismo tiempo, la opinión de sus habitantes sin duda estimaría mucho mejor tener tres veces más. Estos virtuales 15 m2 por habitante de espacios verdes comunitarios son los que hoy se estiman necesarios en el diseño de las ciudades modernas. Y todo ésto, para simplemente establecer un promedio. No, un tope.

La imagen feliz de estos barrios nacientes, pujantes y tan organizados, es prometedora. La abundancia de superficies verdes que aporta cada parcela al conjunto, permite hacer la vista gorda a aquel más perdurable espacio verde comunitario que en ellos apenas alcanza los 6m2 por habitante.

En cuarenta o sesenta años veremos qué factor de ocupación de suelo aspirarán a cubrir sus herederos. Y aquí entonces advertiremos, qué mezquindad tuvieron estos proyectos respecto de los espacios verdes comunitarios. Y cuánto más mezquinos aun, por haber ocupado con lotes las tierras aledañas a las riberas de los arroyos; que por ley estaban reservadas a los espacios verdes comunitarios. No sólo hicieron los mejores negocios con los peores suelos, sino que en adición dejaron sin las únicas reservas de espacios verdes comunitarios a todos los pobladores de la zona (Pilar tiene tan sólo: 7 centímetros de espacios verdes comunitarios. Del Viso, nada)); y como remate, transfirieron groseras irresponsabilidades hidráulicas al Estado. A estas locuras ocurridas en el Reconquista por la invasión de asentamientos humanos paupérrimos, va la suerte de los 2.500 millones de dólares que viene costando allí la desatención por décadas de todas las prevenciones legales.

Pero la nueva aventura de estos irresponsables vendedores de suelos con correlatos de lujo poco frecuente, haciendo movimientos de suelos para construir “bañaderas”, ya es cosa nueva que da a pensar: ¿qué insufrible reguero de reclamos estarán organizando?

El valle de Santiago del que refieren estos textos poetizando tan interminables advertencias yreiteradas denuncias, es un espacio de aproximadas 800 hectáreas en medio de los arroyos Burgueño y Pinazo y sus riberas extramesopotámicas, que no sólo carecen de absorción y escurrimiento apropiados, sino que con frecuencia se ven anegadas. Estos problemas sólo esperan de cualquier futuro que imaginemos, reconocer agravamiento.

Cómo hicieron los promotores de estos emprendimientos de barrios cerrados para, ignorando el par de leyes provinciales que previenen estas desventuras, llevar adelante tramitaciones plagadas de faltas técnicas, legales y administrativas. Ésta es la sustancia que describen estos expedientes del valle de Santiago.

En ellos hay un personaje que por su frescura, iniciativa y simpatía con estas actitudes denunciadas, representa casi al arquetipo de nuestros más laxos usos y costumbres, que nos dirá qué tenemos que hacer para cometeratropello de faltas y salir indemne al menos por un buen tiempo. Actuando a la luz del día y moviéndose en jet privado con el que decía ir directamente a Olivos, este ex asesor de jefatura de gabinete en tiempos de Bauzá, piloteó sus tramitaciones sin mirar cuántas de sus faltas dejaban estelas de irresponsabilidad. Tanta confianza en su accionar movió mis ánimos a perseverar en el seguimiento de sus tramitaciones. Hoy, este hombre sigue conquistando incautos que depositan sus sueños en los mismos fondos de un valle de inundación, millonario en años, y que él llamó La “Lomada” del Pilar.

Tanta gente ha entrado en estos fondos de cañada a morar, que cabe hoy señalar ha estado la red de faltas y errores, con trampas tejida, muy bien atendida. No es sencillo habilitar la construcción de estos barrios. La ley de ordenamiento territorial y uso del suelo en la Provincia de Buenos Aires contempla todo tipo de recaudos urbanísticos e hidráulicos que amén de exhaustivos, resumen en un informe de impacto ambiental sus presupuestos.

En estos trámites denunciados lo exhaustivo era un simple maquillaje encubridor de distraídas aprobaciones. Y la Dirección de evaluación del informe de impacto ambiental que previamente debía haber sido aprobada por el municipio, simplemente aprobaba un informe “que acordaba que recordaba” que debía presentarse el informe de impacto ambiental que nunca se había presentado; y sin embargo, esta simple notificación hacía las veces de trámite resuelto. Formalidades resueltas en laxo abstracto.

Lo anterior, referido a materia urbanística e hidráulica, regala en adición la mayor sustancia cargada de faltas.

Sin tribunales contencioso administrativos; con el fiscal del crimen que atendiera nuestras denuncias viviendo en uno de los barrios cuyos trámites aparecían en ellas denunciados; y con un fiscal de cámara cenando en el Sheraton con el principal denunciado, me cabe sentir, cabe buscar tribunales más serios para que el Hombre y el medio ambiente se integren con más honestidad.

No sólo están afectados los patrimonios de los incautos compradores, sino en grave medida el sistema hídrico provincial, las cesiones de áreas ribereñas, las restricciones en las áreas de preservación, las únicas previsiones de espacios verdes comunitarios, la transferencia de groseras irresponsabilidades hidráulicas al fundido Estado provincial y por ende a la Nación que termina acordando ayuda financiera para resolver todo tipo de descalabros hidráulicos, cuyos antecedentes constan acumulados en interminables estanterías llenas de expedientes de juicios contra el Estado Provincial que atesora la consultora técnica hidráulica adscripta a Fiscalía de Estado, que participa con su propia larguísima cuota de necedad.

Aquí quedan afectados el Hombre, el medio, el ambiente, sus tramas de comunicación, pues ni las obligadas cesiones de calles perimetrales que servirán para el desarrollo de los tejidos interurbanos se han respetado.

Terminan conformando esquizofrénicos bunkers de lujo que patentizan su escisión urbanística, con toda la adición de calamidades arriba anticipadas para estas superbañaderas. Este panorama supera con creces lo que podríamos encuadrar en un daño al ambiente. El ambiente será el que finalmente se ocupe de ellos. Las denuncias de la Naturaleza no necesitarán pasar por el mostrador administrativo. Sólo necesita superar el muro contra natura de la bañadera.

La oportunidad de poetizar alrededor de estos descalabros es el lucro nunca imaginado que advierto hoy incrementado en mi mochila, después de perseverar en anticipar recaudos en todas las latitudes imaginables.

Agradezco a los espíritus de estos terruños el aliento a este largo obrar.

Sin duda, no sólo a la Justicia cabe obrar. También a la educación, integrar.

La edición de estos trabajos apuntan a ello. Los frutos de estos criterios alcanzan incluso a beneficiar en mayor grado a los emprendimientos involucrados en estas obligadas cesiones. De estos parques centrales deviene la mayor valoración de los emprendimientos. Por ello, esta contribución a abrir mirada.

Paso a enumerar los encuadres legales que caben a estas cuestiones:

Recordándonos: el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad:

el Art. 41 de la Constitución modificada en el 94, dice así:

Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer a las generaciones futuras; “y tienen el deber de preservarlo”.

El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley.

Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales..

Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquellas alteren las jurisdicciones locales.

Normas provinciales bonaerenses con puntos de apoyo en las leyes de ordenamiento territorial y uso del suelo, cual es el caso de los decretos leyes 8912/77 y 10128/83, ordenados por decreto 3389/87; nuestra legislación más moderna en este tenor.

De su preámbulo:

Son objetivos fundamentales del ordenamiento territorial asegurar la preservación y mejoramiento del medio ambiente; prescribiendo las acciones que lo degradan; creando condiciones físicas y espaciales, que con el menor costo económico y social den satisfacción a toda la comunidad; preservando los sitios de interés natural, paisajístico, histórico y turístico; implantando mecanismos que eliminen los excesos especulativos; salvaguardando los intereses generales de la comunidad; posibilitando su más orgánica participación en estos procesos, y así propiciando estímulos para la generación de la más clara conciencia; en la necesidad vital de preservar y recuperar el valor de nuestros ambientes.

Esta ley rige la organización:

de los criterios generales, la clasificación del territorio, la delimitación,dimensionado de las áreas, y los procesos de ocupación del territorio provincial; reglamentando los usos, intensidad de ocupación, subdivisión, infraestructura, servicios y equipamiento comunitarios. Implementando los procesos de organización territorial; los organismos que desde el Estado contribuyen a esta gestión; los instrumentos técnicos y jurídicos de los gobiernos provincial y municipales; las responsabilidades y sanciones; y la aplicación de esta ley.

Principios que atentos a la interacción de tantos “fenómenos” y episodios pedestres que tejen, tanto la riqueza como las miserias de nuestros instintos gregarios, estiman objetivos que organizan la población de tan extenso suelo, demorando la aceleración de los amontonamientos y los excesos de las obras que encierran al hombre, escindiéndolo de la naturaleza.

Considerando para las agrupaciones embrionarias rurales, la más lenta y natural gestión del hombre cimentando los rasgos de un terruño; que en las más antiguas culturas son base armonizadora y esencia de la identidad;sostén de valores y factor de reunión perdurable. Los espacios naturales actúan en el imaginario colectivo aunque no sean públicos; y hasta tanto los Estados no puedan ocuparse de sus sostenes, merecen ellos el aprecio de los sostenes privados.

Por ello, en las grandes extensiones anegables de nuestros fondos de cañada han sido previstas las reservas de nuestros espacios verdes comunitarios.

Que sembrando conciencia de nuestras prevenciones legales lograrán resultar más estimadas y protegidas; y no entren en el insensible vértigo de los mercados que afectan para sus mejores negocios los peores suelos; y en adición, transfieren brutas irresponsabilidades hidráulicas alya quebrado Estado.

Estas tierras de cesión obligada al Fisco toda vez que se propicie la creación o ampliación de núcleos urbanos, bien pueden quedar en manos de los cedentes ribereños por mucho tiempo; cuidando ellos de arbolarlas y parquizarlas; e impidiendo la construcción de obras permanentes como marcan las leyes (art 59, ley 10128/83). Y así, evitando la transferencia de torpes irresponsabilidades hidráulicas a nuestroPapá Estado.

La licuación de faltas gravísimas en este sentido, tan reiteradas y aun hoy propiciadas, merece con vivo carácter afirmar los valores que la tierra aporta a los núcleos urbanos en su más inmediata cercanía; y no permitir que el eje de los negocios se instale atropellando con todo tipo de violaciones sobre estas reservas comunitarias, que ya comprometen nuestro propio presente.Tenemos, cada uno que esté conciente de ello, el deber de señalar estas violaciones y trabajar por preservar estas áreas.

El artículo 59 de la Ley 10128/83 dice puntualmente así:

Al crear o ampliar núcleos urbanos que limiten con cursos o espejos de agua permanente, naturales o artificiales, deberá delimitarse una franja que se cederá gratuitamente al Fisco provincial arbolada y parquizada, mediante trabajos a cargo del propietario cedente si la creación o ampliación es propiciada por el mismo. Tendrá un ancho de cincuenta (50) metros, a contar de la línea de máxima creciente en el caso de los cursos de agua...a fijar según art. 20 de la ley de aguas 12257/98.

Este artículo 59 viene a mejorar la propuesta de la Ley 6253 del 61 que proponía restricciones al dominio en esta franja de 50 metros, a contar desde la línea de ribera de creciente máxima. Y que cuando hubo de reglamentarse por decreto 11.368/61, pautó un valor fijo de 100 metros a contar desde la ribera estacionaria, dejando allí establecidas las áreas de preservación de desagües naturales, que hoy después de 42 años tampoco se respetan.

Habiendo multiplicado y agotado denuncias en todos los ámbitos, a lo largo de siete años, con más de 15.000 folios aplicados a no menos de 27 expedientes administrativos, legislativos y judiciales, siento habercontenido criterio para señalar:

la invasión de las áreas de preservación de los desagües naturales, con movimientos de suelos, rellenos y alteos dentro de sus antiguos límites;

la indebida apropiación y ocupación con obras permanentes de las reservas de espacios verdes comunitarios previstas por nuestras más modernas leyes en los valles de inundación, y así afectando el presente de muchaspoblaciones y el futuro de los marcos de contención que la Naturaleza siempre querrá regalar para armonización a todas las generaciones;

la insostenible transferencia de todas sus irresponsabilidades hidráulicas al Padre Común, el Estado;

y la presión de lobbies de encumbrados entrepreneurs y escribanos sembrando miseria en los comportamientos de la administración pública y de la misma justicia provincial;

éstos son los hechos que aquí vengo por garantías de más responsable consideración a solicitar.

En conversación telefónica, el Dr. Aroquigaray me preguntaba qué daño al ambiente intentaba denunciar.

Mi respuesta inmediata fue preguntarle si colocar los detritus humanos 3,30 metros más altos que los hogares humanos no revelaba un desequilibrio, una proyección de ambiente insano, una utilización irracional del suelo como único e insustituible recurso natural para asentar congregaciones humanas, incluyendo sus detritus, comprometiendo todo futuro.

Las normas provinciales para poner orden en estos requisitos elementales del sano ambiente, ya están dictadas, pero al parecer carecen de reconocimiento profesional.

Son ellas mismas, parte de nuestro más precioso patrimonio natural y cultural. Hacen como nadie, indicio de prevención, protección y formación ambiental.

Sin embargo, los impulsos vitales de los comerciantes de suelos se han ocupado se sembrar ilusiones que trascienden con su rico imaginario todos estos prudentes y elementales marcos de contención.

Que cuando hablamos de ambiente hablemos del hombre en su hábitat es inevitable. No es de parques en la luna a que refiere la Constitución.

Si los parques naturales son importantes a 1700 km de distancia, cuánto más lo son al lado de nuestra casa.

Y si los parques naturales lejos y cerca de casa son importantes, cuánto más lo son cuando el hombre se instala en ellos. Porque el daño que provoca el hombre asentándose indebida e innecesariamente en ellos, acredita los mayores perjuicios no sólo a los paisajes, sino a ellos mismos;

que asentadas sus casas en fondos de cañada imposibles a asentamiento humano alguno otro que no sea lacustre, y aun alzados terraplenes cual si fueran inmensas bañaderas verán un día sus casas anegadas;

a las comunidades del entorno que habrán perdido sus únicas reservas de espacios verdes;

y a los Estados provincial y nacional, que uno tras otro, cargando con bien evitables irresponsabilidades hidráulicas,tratarán de alcanzar remedio interminable a sus calamidades.

El ejemplo que trasmití al Dr. Aroquigaray marca por altísimo contraste la calidad de estas vivencias que al parecer demoran décadas en trascender como humanas y vulgares experiencias.

Es el caso de Sudamericana de Aguas, empresa que para el tratamiento de los efluentes cloacales ha instalado su planta de 2.500 m2 en los fondos de Maquinista Savio; y para ello ha elevado a 3,30 m la cota de arranque de esta pesadísima obra, retirándose por sana prudencia a 200 metros de la ribera del arroyo Pinazo.

En tanto que estos barrios cerrados por mí largamente denunciados, se han dado a construcciones de obra permanente a tan sólo 15, 30 y 50 metros del mismo arroyo y con cota de arranque “0” para sus solados.

Por supuesto invadiendo las áreas de preservación de desagües naturales que el decreto 11.368/61, reglamentario de la Ley 6253 dejaba bien establecidos con sus restricciones al dominio de estas tierras ribereñas.

Al tiempo que luego de advertidos sus riesgos comenzaban en estas mismas áreas de restricción a elevar terraplenes y generar extensísimos rellenos, vapuleando los paisajes naturales y provocando todo el tipo de conflictos entre vecinos ribereños que los más antiguos códigos del planeta tienen previstos desde hace siglos.

Como ya he dicho y vuelvo a recordar, la Provincia de Buenos Aires hubo de perfeccionar estos códigos y leyes; y a través del artículo 59 de la Ley 10128/83, modificatoria de 13 artículos de la 8912/77, dejó establecidas las obligatorias cesiones gratuitas al Fisco, adicionalmente arboladas y parquizadas, de todas las áreas ribereñas, hasta 50 metros más allá de la línea de ribera de creciente máxima, a establecer según art. 20 del nuevo código de aguas ley 12257/98, toda vez que el propietario de una parcela rural ribereña propicie la creación o ampliación de un núcleo urbano.

Aquí cabe denunciar, no a los que tratan los detritus humanos, sino a los que tratan a los humanos y sus asentamientos en ambientes los más revaluados del planeta, sin exageración alguna, en bien claras peores condiciones que sus mismos detritus.

Aquí el daño al ambiente tiene la más inmediata y extensa connotación de daño al hombre mismo.

Los Apéndices 1°, 3° y 9° de los expedientes del valle de Santiago son los documentos más ordenados al estudio de estas denuncias que ahora solicito en el fuero penal federal.

La reciente advertencia girada por carta documento al Fiscal de Estado (Ver pág. 70 del Apéndice 3°) y la posterior comisión de la falta prevista y tan claramente anticipada (ver pág. 83), da lugar a una nueva denuncia que considere con apropiada seriedad lo que nunca se quiso tratar.

Tan extensa ha sido mi participación en estas cuestiones, que no sabría acertar por dónde considera el Sr Juez Federal oportuno empezar.

Sin duda alguna, los trámites de La Lomada del Pilar de la firma Pinazo S.A. y presidida por Eduardo Ramón Gutierrez son el modelo de mayor cinismo en faltas técnicas, legales y administrativas. Y por haber sido el Sr. Gutierrez el más importante emprendedor de la zona de Pilar y al mismo tiempo secretario de Gobierno y Hacienda del Municipio, caben las más comprometidas consideraciones.

A los efectos de asistir su previa consideración sirvan estos textos de anticipo a mi mayor colaboración.

Hube de concentrar mis esfuerzos en las tramitaciones de cinco barrios cerrados. Y en las violaciones a las restricciones y cesiones debidas en las riberas de estos arroyos Pinazo y Burgueño, que son completas.

Amén de la desatención y posterior desaparición de mis expedientes municipales, las faltas técnicas, legales y administrativas por parte de una veintena de funcionarios municipales y provinciales, es interminable; y en estos Apéndices están con lujo de detalles reflejadas.

La labor de la UFI 9 de San Isidro y de la Fiscalía de Cámara no podía haber sido más laxa. En el Apéndice 9° se encuentran todos sus pormenores.

Un sumario de las presentaciones en la administración pública está condensado en el Apéndice 1°.

El Apéndice 3° contiene todas las cartas documentos que involucran tanto a emprendedores, como a sus escribanos;a los funcionarios de la administración pública y al Fiscal de Estado.

En resumen, esta denuncia viene a considerar insano para los habitantes, que en el ambiente, éstos moren tres metros abajo de sus detritus y dos metros y medio por debajo de violatorios, irresponsables y engañosos muros de contención; pues algo desequilibrado estas situaciones indican. Es de insalvable insanía considerar la seguridad de las viviendas del hombre, en menor grado que los depósitos de sus detritus. La seguridad no se logra construyendo las fantasiosas bañaderas que dan prueba delas gravísimas irresponsabilidades en que por sordos, miopes, torpes y ambiciosos, innecesariamente se han metido.

Es insano para la mayoría de los habitantes que unos pocos en el ambiente se apropien de las únicas reservas de espacios verdes comunitarios previstas por nuestras leyes.

Es insano para la mayoría de los habitante, que unos pocos construyan obras permanentes donde expresamente las leyes lo prohiben, transfiriendo sus cargas de irresponsabilidad a nuestro Padre Común, el Estado, por quien todos debemos velar si queremos vivir en sociedad.

Es insano para la mayoría de los habitantes que unos pocos comprometan el ambiente de las generaciones futuras.

Esos supuestos beneficios que persiguen esos pocos a costa de la mayoría y del propio Estado, constituyen una clara forma de discriminación.

Los derechos que protegen al ambiente están claramente indicados ya en el mismo preámbulo de la ley de ordenamiento territorial y uso del suelo que aquí se viola sin piedad.

Los derechos de incidencia colectiva en lo ambiental no podrían verse más afectados que despojándolos de sus previsiones de espacios verdes comunitarios, cuyos atropellos aquí se consuman.

Las autoridades proveerán a del preservación del patrimonio natural, a la información y educación ambientales; y a eso mismo concurren estas solicitudes que aquí presento.

Saludo a Ud. con el mayor aprecio por su atención y dedicación

Francisco Javier de Amorrortu, 19/9/2003